• Reducir la velocidad, fomentar el teletrabajo o limitar el coche, entre las medidas que propone la UE.
• El plan de ahorro se centra en el transporte, pero también busca reservar el GLP para usos básicos.
• La AIE plantea un decálogo para afrontar la mayor disrupción de oferta de la historia del petróleo.
Rubén Esteller, 31/03/2026. La crisis energética provocada por la guerra en Oriente Próximo y el cierre del estrecho de Ormuz ha llevado a Bruselas a empezar a preparar también el terreno del ahorro. La Comisión Europea ha pedido a los Estados miembros que coordinen sus planes de contingencia para blindar el suministro de crudo y de productos refinados y para ello recomienda que se sigan las recomendaciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) para reducir el consumo de petróleo y aliviar la presión sobre los precios.
El mensaje de fondo es claro: liberar reservas estratégicas puede amortiguar el golpe, pero no bastará si la interrupción del tráfico energético en Oriente Próximo se prolonga. La propia AIE considera que el mundo se enfrenta a la mayor disrupción de oferta de la historia del mercado global del petróleo, con el paso por Ormuz —clave para cerca del 20% del consumo mundial— reducido a mínimos. En ese escenario, el organismo considera imprescindible actuar también sobre la demanda, especialmente en transporte, aviación, industria y consumo doméstico.
La Comisión Europea ya ha asumido ese enfoque. En la carta remitida por el comisario de Energía y Vivienda, Dan Jørgensen, a los ministros de Energía de la UE, Bruselas pide estudiar medidas de ahorro de demanda con especial atención al transporte, precisamente el sector donde más rápido puede recortarse el consumo de combustibles fósiles.
1. Reducir la velocidad en autopistas
La primera recomendación pasa por rebajar al menos en 10 kilómetros por hora los límites de velocidad en autopistas. La AIE sostiene que esta es una de las medidas más inmediatas y eficaces para reducir el consumo de gasolina y diésel tanto en turismos como en vehículos comerciales y camiones.
2. Fomentar el teletrabajo
Otra de las palancas clave es extender el trabajo a distancia allí donde sea posible. La agencia considera que reducir los desplazamientos cotidianos al lugar de trabajo tiene un impacto directo sobre la demanda de combustible, especialmente en áreas metropolitanas y grandes núcleos urbanos.
3. Abaratar y reforzar el transporte público
La AIE también recomienda impulsar el uso del transporte público mediante incentivos, rebajas tarifarias o refuerzos de servicio. El objetivo es desplazar parte de los viajes que hoy se realizan en coche privado hacia autobuses, metro o ferrocarril.
4. Limitar el uso del coche privado en grandes ciudades
Entre las medidas más intervencionistas figura la restricción alterna de circulación para vehículos privados en las grandes ciudades, por ejemplo a través de sistemas vinculados a la matrícula. La lógica es doble: reducir tanto la congestión como el consumo de carburantes.
5. Impulsar el coche compartido y una conducción más eficiente
La AIE plantea también fomentar el coche compartido para elevar la ocupación media de los vehículos y promover hábitos de conducción más eficientes, desde una aceleración más suave hasta un mejor mantenimiento de los neumáticos o del motor. Son pequeñas medidas con efecto acumulativo sobre el gasto de combustible.
6. Mejorar la eficiencia del transporte de mercancías
Otra de las recomendaciones se dirige al transporte por carretera y a la logística de distribución. El organismo propone optimizar rutas, cargas y hábitos de conducción en flotas comerciales y de reparto para contener el uso de diésel, uno de los productos que más preocupa actualmente al mercado europeo.
7. Reservar el GLP para usos prioritarios
La AIE considera prioritario evitar usos prescindibles del gas licuado del petróleo (GLP) para reservarlo a necesidades más esenciales, especialmente en el ámbito doméstico. En un escenario de tensión prolongada, el objetivo es priorizar su disponibilidad para cocinar y otros consumos básicos.
8. Evitar vuelos cuando existan alternativas
La agencia propone reducir viajes en avión cuando existan alternativas razonables, especialmente en desplazamientos corporativos o trayectos donde otros medios de transporte puedan absorber parte de la demanda. El foco está en contener la presión sobre el queroseno, uno de los combustibles más expuestos al actual shock energético.
9. Sustituir el GLP por alternativas modernas de cocina
En paralelo, la AIE recomienda acelerar, donde sea viable, el reemplazo del GLP por otras soluciones modernas de cocina, especialmente eléctricas. Se trata de una medida con un componente más estructural, pero que puede aliviar parte de la tensión si la crisis se prolonga.
10. Dar flexibilidad a la industria para sustituir materias primas
La décima medida se dirige a la industria petroquímica y manufacturera. El organismo plantea aprovechar la flexibilidad técnica para sustituir determinadas materias primas derivadas del petróleo por otras alternativas allí donde sea posible, además de reforzar la eficiencia operativa y energética en los procesos industriales.
Por ahora, Europa no está ante un escenario de racionamiento, pero sí ante la necesidad de contener una tensión que ya se está trasladando al mercado del diésel, del queroseno y de otros productos refinados. En ese contexto, el ahorro deja de ser solo una consigna climática o de eficiencia para convertirse en una herramienta directa de seguridad energética.
Esta pasada semana, grandes compañías como Shell ya advirtieron en CERAWeek de que Europa podría empezar a sufrir tensiones de suministro energético en abril si persistían las alteraciones provocadas por la crisis en Oriente Medio. El consejero delegado del grupo, Wael Sawan, sostuvo en Houston que la seguridad energética se había convertido en un elemento central de la seguridad nacional, en un momento en que los flujos internacionales de crudo, gas y combustibles refinados vuelven a estar sometidos a una fuerte presión.
